diumenge, 23 de març del 2008
Transformació 153: Dels beneficis de la xocolata
Aquell dia, dos d'ells es dirigien a Emaús, un poblet a seixanta estadis de Jerusalem, i mentre caminaven parlaven dels darrers esdeveniments i rememoraven les paraules del mestre.
-Recordes quan ens deia que en aquest món no hi ha temps per a tot i que aviat li arribaria l'hora?
El més prim, de mirada perduda, amb barba de dos dies, observà l'alt i solemne, de nom Cleofàs, que no tenia aparença de pescador, sinó més aviat de filisteu de sucursal bancària, i afegí:
-I quan assegurava que ja des del bressol sentia l'olor de la mort, que és inherent als humans; després ens parlava del regne de la immortalitat.
Els dos homes continuaren la seva conversa que els portà als darrers esdeveniments: la sorpresa de les dones que, de matinada, trobaren el sepulcre buit, i veieren uns àngels que els digueren que Ell era viu...
Prop del poblet, se'ls afegí un caminant, aparentment ignorant de tots els fets de les darreres hores.
Malgrat que sabia tots els fets i miracles del Mestre, els dos homes, escèptics, no el reconegueren.
Com que el dia declinava, el nou vingut va accedir a descansar a Emaús. Durant el sopar, l'home va treure una pastilla de xocolata del sarró i els en donà unes preses. Només de tastar-les, els caminants van reconèixer Jesús i creieren en ell i en el regne on l'aroma de xocolata no deixa aparèixer l'olor de la mort.
Ell desaparegué immediatament, però des d'aleshores al menys una vegada a l'any, sempre hi ha qui regala xocolata als nens, ja des de ben petits, per tal que, com a Emaús, el seu perfum foragiti la pudor de la mort, que tendeix d'una manera desagradable i persistent a fer-se present a la mínima que et descuides.
diumenge, 16 de març del 2008
Transformación 147: El pollino de ramos
Por ...
Lectura, más o menos, del Evangelio según San Marcos (11, 1-11).
"Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos, uno alto y con barba, distinguido; otro más enclenque y descuidado, enfermizo, y les dijo:
-Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo. Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá.
Y los dos discípulos se fueron caminando despacio, abstraídos conversando sobre las últimas enseñanzas de Jesús:
- Dice el maestro que en la vida no hay tiempo para todo: reir, llorar, divertirse y abatirse, y que al tiempo de nacer ya debes empezar a preparar tu muerte. Que es hecho conocido hasta por las criaturas de pecho, y por eso lloran, pues lo perciben...
- No entiendo, perciben qué?
- El hálito de la muerte a su alrededor. Luego se acostumbran...
Llegaron a la aldea y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron. Y unos de los que estaban allí les dijeron:
-¿Qué hacéis desatando el pollino?
Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron. Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. También muchos tendían sus mantos por el camino, y las gentes salían a su paso y se reunió una gran multitud y le aclamaban moviendo una palmas recién compradas a los mercaderes de Elche, y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo:
- ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!
Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, Jesús vio una criatura que lloraba, pues presentía, como sólo son capaces de hacerlo los niños inocentes, que el final se acercaba y aún no se había acostumbrado al olor de la muerte.